domingo, 11 de marzo de 2012

No miraré.

Hace tiempo que no miro a las estrellas. Ya no sé si brillan, si todas tus mentiras les han sucumbido la luz, o las ha hecho cómplices de barbaridades e hipocresías, y ahora, me ciegan con su tanto resplandor.


No. No he mirado a las estrellas y ni si quiera me he planteado hacerlo. ¿Para qué? ¿Para que graben mis alaridos y súplicas perdidos entre la tormenta? ¿Para que la lluvia elimine todas tus mentiras, y los rayos hagan convertirlas en nada menos que en polvo? No. No quiero mirar a las estrellas. Hoy no. De todas formas, estoy segura, que todas estarían recubiertas por una máscara, las nubes, en ti, prefiero llamarlo, la máscara de la hipocresía. 


No quiero ver tus ojos reflejados en ella. Ni cómo, en nuestros recuerdos, me colaba suavemente en tu mente, sin que tú te dieras cuenta. Pero, ¿cómo te ibas a dar cuenta? ¡Si habían miles y miles de mariposas y caballos blancos recorriendo tu mente, qué mas da si yo entrara o no! Yo sólo era, una más. Una corriente más de aire, escabulléndome de mi realidad, para, poco a poco, encontrarme con la tuya. ¡Qué ingenua! ¡Si ni si quiera tienes realidad propia!
Me fallaste, tanto, tanto, que sentí como un agujero negro se creaba en mí, absorbiendo toda, absolutamente toda clase de sentimientos, por lo que ahora, acabé como tú. ¡Fría! ¡Distante! ¡Insensible! 


Abre los ojos, ya no estoy a tu lado.