Crecemos con miedo. Nos educan al miedo, a la incertidumbre, a la desconfianza primordial, a ser frígidos a la hora de abrirnos con la gente que acabamos de conocer... pero... ¿por qué? He aquí la respuesta generalizada: "Porque hay gente que es mala", "porque muchas personas van a hacerte daño", "hay personas que te pueden hacer cosas horribles", "la gente te dirá X adjetivo si haces X cosa.." etc.
No es ficticio. Es tan real que desde la preadolescencia empezamos a notar quién nos conviene y quién no, quién nos hace daño y quién no... pero... ¿y si fuéramos nosotros los "hay personas que..." seguido de algún ejemplo antes mencionado? La gente se equivoca.. y hace daño, es cierto. Y nosotros también hacemos. Pero la marca que impone la sociedad sobre aquellos que "hacen daño" ya los tacha como "asesinos emocionales"-en tal caso-, sin embargo, ¿qué somos los humanos sino complejas grandes imperfecciones naturales?
Creo que nos deberían educar no teniendo miedo a la gente porque nos pueda hacer daño, sino "desprendernos" de aquellos que lo hacen de verdad, con intención, sin disculpa, sólo por el mero hecho de hacer daño... Pero la vida es así, no nos cerremos a nadie, ni si quiera por las primeras impresiones. Si nos hacen daño pues oye, nos recuperamos. Estamos perfectamente programados para ello. Para volver a actualizarnos -cada uno con un software vital más o menos rápido y eficaz, pero lo tenemos-.
Por otra parte... veo carente de sentido el rencor hacia una persona que te ha herido (en términos cotidianos), pero, que sin embargo, se ha disculpado. Somos muy imperfectos, somos espontáneos e improvisamos cada día. Nadie tiene un guión a diario con cada coma y punto aprendidos, porque sería muy absurdo. ¿Cómo no voy a conceder el perdón a alguien que ha cometido un fallo? "¿Soy especial? ¿Nunca hago daño?". Además, el rencor sólo trae malestar interno, odio.. y al final, te acabas haciendo daño a ti mismo... pero sin embargo, ¡tú te perdonas! Algún día tú serás esa "persona que hará daño por doquier"
Por ello, padres y madres del mundo del siglo XXI, eduquen a sus hijos no en el temor de abrirse desde un principio con las personas por miedo a que les hagan daño, sino a tener un nivel bueno de orgullo y a saber perdonar, no sólo a los demás, sino a ellos mismos, porque, créanme, que fuera de los ojos de un padre, los hijos no somos tan de rosa. El caer en la vida no reside en un par de consejos, vamos a caer sí o sí y lo mejor que podemos hacer para llevar las riendas de nuestra vida de forma saludable... es perdonar, y ser perdonados.
En paz con una misma.