sábado, 22 de febrero de 2014

Más que rosa tirando a verde.

Creo que no es demagogia decir que hay tres cosas que mueven el mundo: el amor, el sexo y el miedo. Pues de éste último quería hablar.

Crecemos con miedo. Nos educan al miedo, a la incertidumbre, a la desconfianza primordial, a ser frígidos a la hora de abrirnos con la gente que acabamos de conocer... pero... ¿por qué? He aquí la respuesta generalizada: "Porque hay gente que es mala", "porque muchas personas van a hacerte daño", "hay personas que te pueden hacer cosas horribles", "la gente te dirá X adjetivo si haces X cosa.." etc.

No es ficticio. Es tan real que desde la preadolescencia empezamos a notar quién nos conviene y quién no, quién nos hace daño y quién no... pero... ¿y si fuéramos nosotros los "hay personas que..." seguido de algún ejemplo antes mencionado? La gente se equivoca.. y hace daño, es cierto. Y nosotros también hacemos. Pero la marca que impone la sociedad sobre aquellos que "hacen daño" ya los tacha como "asesinos emocionales"-en tal caso-, sin embargo, ¿qué somos los humanos sino complejas grandes imperfecciones naturales? 

Creo que nos deberían educar no teniendo miedo a la gente porque nos pueda hacer daño, sino "desprendernos" de aquellos que lo hacen de verdad, con intención, sin disculpa, sólo por el mero hecho de hacer daño... Pero la vida es así, no nos cerremos a nadie, ni si quiera por las primeras impresiones. Si nos hacen daño pues oye, nos recuperamos. Estamos perfectamente programados para ello. Para volver a actualizarnos -cada uno con un software vital más o menos rápido y eficaz, pero lo tenemos-.

Por otra parte... veo carente de sentido el rencor hacia una persona que te ha herido (en términos cotidianos), pero, que sin embargo, se ha disculpado. Somos muy imperfectos, somos espontáneos e improvisamos cada día. Nadie tiene un guión a diario con cada coma y punto aprendidos, porque sería muy absurdo. ¿Cómo no voy a conceder el perdón a alguien que ha cometido un fallo? "¿Soy especial? ¿Nunca hago daño?". Además, el rencor sólo trae malestar interno, odio.. y al final, te acabas haciendo daño a ti mismo... pero sin embargo, ¡tú te perdonas! Algún día tú serás esa "persona que hará daño por doquier"

Por ello, padres y madres del mundo del siglo XXI, eduquen a sus hijos no en el temor de abrirse desde un principio con las personas por miedo a que les hagan daño, sino a tener un nivel bueno de orgullo y a saber perdonar, no sólo a los demás, sino a ellos mismos, porque, créanme, que fuera de los ojos de un padre, los hijos no somos tan de rosa. El caer en la vida no reside en un par de consejos, vamos a caer sí o sí y lo mejor que podemos hacer para llevar las riendas de nuestra vida de forma saludable... es perdonar, y ser perdonados.

En paz con una misma.

domingo, 9 de febrero de 2014

Esperas..

Nuestras vidas son meras esperas. Puras y cotidianas, pero cansinas, esperas...

Siempre el presente es la visión negativa de la vida, "ya vendrán tiempos mejores", decimos... y lo único que hacemos es esperar... cuando tenemos que darnos de narices con ese tiempo entre sudor y dolor muscular o emocional... buscarlo... ganárnoslo...

Siempre, inconscientemente, nos mantenemos a la expectativa de qué movimiento hará él, o qué dirá ella, para responder ante tal estímulo de nuestra espera... esperar a otras personas, a otros movimientos, a otras palabras...

Nos preparan para las esperas. Para esperar a encontrar a alguien que nos revolucione la vida, tanto para bien, como para mal. "Ya verás que no todo el mundo es tan bueno, sólo te hace falta tiempo", o "el tiempo lo cura todo"... creo que es irrefutable que somos seres en progreso de esperas en cuanto al aprendizaje social, y como tales, el paso por el tiempo nos hará ver el daño o la alegría que podemos alcanzar... pero, yo no creo en las esperas, al menos en algunos ámbitos...

No creo en esperar a realizar algo que quiera hacer pero no tenga motivación... la inspiración divina es esporádica. El tiempo social e individual quizás no sea más una invención.. es decir, las galaxias han girado durante miles de millones de años y véase aquí la referencia del tiempo... Pero ¿y nosotros? ¿que no somos más que microsegundos de una película de 2 horas desde la singularidad espacial? El tiempo está empeñado en pasar por nosotros.. pero yo decido, ahora, pasar por el tiempo, guiarlo, exprimirle cada gotita de microsegundo...  

Y hoy, sí, hoy, me corto las cadenas que me aferran a la dictadura temporal... de esperar un sí, un no, una inspiración divina, un rechazo, un aprecio, una ignorada, una admiración... para aprovechar cada microsegundo de mi vida.. aprovechar esos pocos de esa tan gran película que nos brinda la existencia.

martes, 4 de febrero de 2014

Adagio for Strings

Ella le miró. No hacía falta ni una palabra más... no sabía si sonreír, si plantar un gesto serio con ademán de correr hacia él con motivo de despedida o quedarse enroscada en las manos de esa mujer mientras el humo de la tierra con la fricción del suelo crearía una capa de un adiós quizás infinito... quizás un hasta pronto... En fin... 

Se apiadó de ella la incertidumbre de un destino desconocido, de una última agitación de palma, de una última lágrima que esbozaba, de forma casi discreta, valentía...  

La mujer sí sufría un frenesí; rabia, impotencia, desdicha al destino, despotricaba al cielo, tan fuerte, tan alto, que la misma fuerza omnipotente podría encontrarse escondiéndose de tales fechorías dirigidas a quién sabe. 

Él, desde aquel vehículo... miraba hacia atrás. Sin embargo, no era la cortina de tierra quién le separaba de, para la nación, su infructuoso presente y su quizás encariñado pasado... sino la imagen borrosa que se iba creando cuán más se alejaba esa máquina que le llevaría a un destino clandestino pero con connotaciones óbitas... Acababa de salir y ya sentía el fuego, el dolor al ver caer... ya veía las miradas inocentes y de confusión en los contrarios... ya veía todos los cuerpos desvaneciéndose como si a cámara lenta se tratase... Por ello, decidió no ver más... Sin embargo, esbozó una última sonrisa al secarse las lágrimas y ver, aún en el cristal, la marca de la mano de ella...