jueves, 26 de mayo de 2016

Miércoles y 19

Anochece, empezando por el final
finalizando en el principio de otro tú.
Fascinante, notorio, como una clavada de estaca,
en ese momento tan imparcial que a penas sientes cosquilleo, suavidad.

Te sumerges en el viejo mundo,
Viejo para aquellos cuya piel se ha desquebrajado del asfalto de haber caído al intentar volar.
Viejo, para aquellos que empeñaron sus ilusiones en quiebras dirigidas a la muerte del alma.
Viejo, para aquellos que pusieron su amor de alquiler con opción a compra, que acabó en fraude de permuta, en quebraderos de miles de tús.
Ese viejo mundo, de piel dura, de cuero. Ese viejo mundo que te inunda de quizás, de podrías, de inciertos.

Soledad se acuesta contigo. Otra noche de sexo vacío, frío. Como tu envoltura de cuero. Te deja gélido y sabes como despecharla. Pero no lo haces.
La falta de inspiración te va degenerando,
La falta de amor te va degenerando, la falta de ti, te va carcomiendo.
Cada vez menos tú, cada vez más ellos. Un “Carmina Burana” que te mata por dentro.

Cerrar. Razonar, llegar al jamás. A tu propio patriarcado pseudomoral, a tu disonancia autoengañada. A tu dictadura autoproclamada. A tu haz de derechas contigo mismo, a tu privatización, a tu egoísmo. Capaz de bloquearme con el candado más poderoso que no es ese que tu mirada. Que pide socorro pero que tiene un muro hecho de prejuicio, de miedo, quizá a ti mismo, a mí. Quizá te necesites más que a mí. Me llamas. Tu voz suplica, pero tú no quieres. Discordancia de nuevo entre tu otro tú.

Los martes y 13 dejaron de existir para siempre en ti. En nosotros, en todos los noes. No des vida a murciélagos trajinadores de suburbia en ti. Hazlos volar, contrólalos.
Lo perfecto creías que era que sonara el canon en tu miércoles 19. Lo perfecto es que esta noche, que atardece y amanece, te debas a ti mismo, te suenes a ti mismo. Te resultes familiar. Salir de una Noruega invernal de 24 horas, llegar a tu archipiélago de sinceridad. Romper las bombas y dejarlas en arena. Sentir como la energía bélica reside en tus pies: bélico de sangre, de sueños, fugaz.
Como tú esta noche, arriba.
Fugaz, como la esperanza en ti mismo.
Créete. Créate. Créame.


Vuelve.

martes, 8 de marzo de 2016

Lo de princesas en apuros es tan mainstream.

Hoy, día de la mujer, hablemos más de sexismo que de machismo para intentar extender todo el concepto.

El otro día, viendo un reportaje, me di cuenta de muchas cosas. Muchos, como yo hasta hace no mucho, creíamos que el sexismo machista era la violencia de género, el control, los países musulmanes, la diferencia salarial por sexos en el sector privado, del patriarcado de "mami limpia y papi trabaja", etcétera. Y es cierto, pero estos eventos son los más altos de la cadena trófica de sucesos sexistas.
  1. Si me conoces y me has leído alguna vez, estarás pensando ahora mismo que soy una histérica reinvindicativa, que estoy algo pirada y quizás las personas más conservadoras pensarán que debería estar friendo papas o fregando platos. Pero ahora, por un momento, piensa que soy y siempre he sido un hombre. Ahora mismo, para ti seré una persona con criterio (lo compartas o pienses que escribo sandeces), pero un hombre que se preocupa por tener un punto de vista y saber apoyarlo. Y esto suele pasar en nuestro día a día.
  2. Soy una chica con mucha iniciativa, me gusta planear cosas, organizarlas, aunque a veces no salgan bien, pero tener esa chispa de elegir y establecer pautas. Sí, lo que viene siendo una marimandona. Pero ahora pensemos que soy un hombre con las mismas características. Ahora soy un líder, un chico con las ideas claras, decidido y organizado.
  3. Soy una chica que le da mucha pereza depilarse, sinceramente. A veces, me da pereza hasta peinarme y vestirme conjuntada. Lo que vengo a ser poco femenina en muchas cosas. Pero tú, hombre, tú depílate o no lo hagas, solo por eso no te van a llamar más o menos hombre, tú puedes ir con el pelo despeinado porque te da un toque bohemio y vestir desconjuntado porque ya estoy yo para robarte el protagonismo a las críticas.
Tú, hombre, puedes vestirte como quieras, ir al gimnasio como quieras, que si llevases algo que a alguien le pareciese ridículo no pasaría más allá que una risa o un comentario al aire, que ojo, también puede ser hiriente. 
Pero siento decirte que lo mío es un poco más complicado. Tú puedes quitarte completamente la camisa en una fiesta, puedes ir como te plazca, que como dije, se quedará, en tal caso, en un comentario al aire. Yo también puedo, en la práctica, pero no en la teoría. 
  • Mido 1.75. Las chicas de mi altura o mayores, con caderas y muslos, sabrán lo complicado que es encontrar un pantalón corto que quede bien, que no se vean las nalgas. Prácticamente imposible. Pero es cierto que si me encanta un pantalón y me queda bien salvo ello, me lo voy a comprar. Pero no es tan fácil. A mí en general me da igual que se me vea el culo porque me parece, por mi parte, algo no muy significante (cómo puede ser sexy algo por donde va a acabar toda la fibra que mi organismo no ingiere). Pero reconozco que he dejado de ponérmelos alguna vez ya no porque me miren, sino porque me desvalorizan como mujer, Qué capacidad posee esa gente de saber cuanto vales en torno a lo corto que te queda el vaquero. Créanme, chicos y chicas pero sobre todo chicos, lo que se sufre, queriendo vestir o ser de una manera e intentar esconderlo solo para ser aceptada y que a la gente le de ganas de conocerte.
Señores, habrán frases que hablaremos luego que ustedes habrán soportado, pero hay otras muchas que nosotras también. Y para su consuelo, muchas somos conscientes que mucha parte del consentimiento de estas frases sexistas vienen de mujeres a mujeres:
  1. "¿Qué haces escuchando ese tipo de música? ¡¡Parece que estoy viviendo con un chico!!"
  2. "La verdad es que yo respeto a todas las mujeres, pero no quiero a una novia que ha ido liándose con tíos por ahí -aunque estuviera soltera".
  3. "Si te vistes así te van a atacar"
  4. "No le des un beso a quien no conozcas, aunque te apetezca, hazte respetar o no te va a querer ni uno" (aunque estos soltera).
  5. "Mira como se restriega (aunque esté bailando sola), chiquita zorra".
  6. "Pero muchacha, que bruta eres hablando con tanta palabrota"
  7. "No le agobies"
  8. "No, si yo soy feminista, ayudo en las labores de casa". (Ayudo...)
  9. "¿Yo pegar a una mujer? ¡Eso nunca!". Esta frase me encanta, porque cuando hablamos de violencia entre hombres parece que sí está permitido, o entre mujeres. O incluso de una mujer hacia un hombre. Pero, ¿cómo un hombre va a pegar a una mujer? Sinceramente, chicos portadores de esta frase, la violencia nunca está bien, ni entre hombres ni entre mujeres. Pero cuando dices que nunca pegarías a una mujer, estás haciendo alusión a que es inferior, porque la pobre, delicadita y frágil, no está a la altura como cualquier hombre de la calle. Hay que cuidarla, que sola no sabe. Rechaza la violencia y deja de establecer escalones.
  10. "Llega una nueva patera con 120 inmigrantes. De los cuales, 15 son mujeres" (A parte, por si acaso)
  11. "Estás usada". Suaves como pañuelos...
  12. "Eso te marca"
  13. "¿Te lo vas a comer todo? ¿Todavía tienes hambre?"
  14. "Te marca la celulitis, se te notan las estrías".

Pero mis niños, el sexismo no solo afecta a las mujeres. El sexismo no es quedarte mirando a una persona que te atrae, ni En este caso, el MACHISMO les afecta a ustedes. Usted, hombre:

  1. Tienes que ser seguro de ti mismo. --> "Los hombres han de ser dominantes".
  2. La custodia (en muchos casos), para tu mujer --> "Madre solo hay una, la mujer ha de encargarse del cuidado de los hijos".
  3. No te salgas de tu rol de hombre. Espero que te guste el fútbol, las motos o los coches.
  4. Tienes que saber de coches. Está en tu epigenética masculina.
  5. ¿Pero cómo estás con esa tía? Con lo usada que está.
  6. ¡Los niños no lloran! (cuando eres pequeño)
  7. No huyas como una niña. Un hombre de verdad se enfrenta.
  8. "Pareces marica hablando así".
Para concluir, es evidente que yo no puedo cambiar el mundo, tú tampoco. Y eso de que en algún momento se hará suena a una bonita utopía. Pero amig@ que me lees, ten tus principios. En un mundo acromático se el puntito verde o azul o amarillo que camina, comparte tus criterios, debátelos. Plantéate a ti mismo. Vive tu propia igualdad, tu filosofía.

Y si son los hombres los que son luchadores, guerreros, más libres, más fuertes, con mayor capacidad de liderazgo, con mayor seguridad, con mayor iniciativa... Creo que llevo toda mi vida, siendo un hombre. Yo no quiero un hombre que me haga sentir una princesa, sino que se venga de lucha conmigo.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Y a vivir.

Siento no ser lo femenina que debería ser,
ni lo sencilla,
ni lo discreta,
ni lo sumisa,
ni lo fit o delgada,
ni lo delgada interesante o misteriosa,
ni lo suficiente en muchas ocasiones,
ni lo delicada.

Siento no mantener siempre la compostura,
ni mantenerme callada en algo que discrepo,
ni saber cocinar mucho más allá que pasta y ensalada,
ni saber casi poner una lavadora,
ni ir siempre lo suficientemente maquillada o arreglada,
ni esperar a que me lo hagan todo,
ni a que me rescaten,
ni tragarme mis sentimientos.


Pero que lo SIENTA, no significa que LO SIENTA. Lo que sí siento es a esas personas, sobre todo mujeres por la parte que nos toca, que se lavan la manos ante cualquier comentario tachándolo de machista pero que luego sean corruptas de su propia pseudoideología que, hacen cada vez, más utópicas.

El cliché de los blogs de moda de "tú, mujer, eres preciosa así, tienes un cuerpazo y eres estupenda". Discrepo un tanto. Todo se rige bajo subjetividad, cierto, así que por lo tanto, ni todas somos preciosas, ni todas somos feas, ni somos siempre estupendas. Lo importante es quererse aunque te veas y no te guste, te aceptas porque es lo que nuestro maravillosa selección natural te ha otorgado. Todos somos estupendos bajo la mirada de alguien, pero lo importante es que sea bajo la de nosotros mismos, eso sí, ser racionales y consecuentes y saber que nosotros mismos somos nuestra propia kriptonita.

Si tienes algo muy feo pues te ríes. Qué mas da, tienes la capacidad de reír. Reírse de uno mismo es síntoma de inteligencia y una persona inteligente hace que a nuestros efectos subyacer por la grandeza y genialidad de una mente maravillosa.

  • Al contrario de la gran creencia popular, creo que, en una persona sana al menos (desde mi punto de vista ya que afortunadamente lo soy), pensar todas las mañanas que puede ser el último día que pise suelo o que alguien cercano lo pise, da ganas de vivir; hacer contrarreloj al destino y a la vida, el pensar que hoy puede ser el último día que sonrías, que vuelvas a caminar o a respirar y ver que no, que lo has vuelto a superar, que la vida te ha dado una oportunidad más, considero que da más ganas de vivir, una sensación como experimentar cualquier deporte de riesgo pero aquí es más divertido, pues el peligro puede estar en cualquier lado y en cualquier momento, pero lo vives, lo disfrutas, sin miedo, sin pánico, sin dejar de hacer cosas.  

Después de este breve inciso sí considero que haya algo que compartamos todas las mujeres: la presión. La gran presión que suena como estruendo en nosotras mismas cuando nos quitan la mirada en menos de un segundo, cuando oímos "eres mona, pero...", cuando no podemos liberar nuestro gaseoso gastro en confianza porque no somos hombres, pero ocultado bajo el lema "sea lo que sea es una cochinada. Cuando oímos que no somos suficiente tan solo por como vestimos o por como nos peinamos. 

No sé aún si puedo sentirme orgullosa de muchas cosas en esta vida, pero sí de ser escatológica, impulsiva, transparente, consecuente y espontánea, con todo lo bueno y malo que lleva, Pero sobre todo, de mi punto crítico en muchos aspectos, sobre todo en este, porque al ser de una manera tan concreta (para bien o mal) me hace encajar solo con un tipo de gente especial, diferente, extraordinaria. Y eso quiere decir que con todos los palos me he hecho una casita preciosa. Porque sí, que bonito hubiera sido si hubiese sido diferente: pero el "todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuésemos tu y yo" ahora mismo no me compensa. 

Pasando de ser el llavero de nadie. Vivan los mares y el nadar libre al lado de quien quieras. Déjate llevar, y que te lleve la corriente. Que tu vitalidad tenga tanta masa que actúe como gravedad social. Y a vivir.

PD: dejo dos canciones que recogen muy bien la idea del texto, de dos genios que saben expresar con muchísima más claridad lo que he querido soltar en este rápido e impulsivo texto.

domingo, 19 de abril de 2015

Un buen final sería que nos enterraran debajo del cemento

Como si de una película se tratase. Quizás muy surrealista. Quizás mi noción literaria de la realidad hayan sido las gafas perfectas para ver aquella historia como un relato digno de postrar en el séptimo arte, digno de la capacidad de relacionar realidad con ficción de Kubrick, la espontaneidad de Hitchcock o la genialidad de Spielberg. Pero digno, sobre todo, del placer de dejar finales abiertos de Yann Samuell.

Momento exacto, lugar exacto, palabras exactas o día exacto. Quién sabe. Tan solo caminar en aquellas noches, me hacía darme de bruces con que no me encontraba en una avenida parisina, en una película francesa, de esas que tienen un no se qué que qué sé yo y que no sabes decir que tienen exactamente, que te hacen sentir. No sabes decir lo que te gusta. Pero sabes que es así. Y es lo que importa. Y tú, eres mi película francesa.

Me faltó valor para, muchas veces, plantarme en donde fuera con tal de ti. Supongo que nunca podría haber sido Woody Allen porque supuse que no podrías ser mi Annie Hall. Pero la vida es oportunista, no me da la gana que los trenes se vayan. Es mi realidad, nuestra realidad, y somos capaces de parar trenes con palabras, con susurros, con caricias y, como no, con dos gritos bien dados y con inundaciones por lágrimas de sentimientos enclaustrados en nuestro ser.

El momento estrella de la película es cuando se que te cojo la mano, cuando subimos aquellas escaleras que no sabíamos a dónde conducían pero nuestra rozagante y vivaz incertidumbre tiraba de nosotros más allá de nuestro miedo. Eran escaleras infinitas, que solo acababan cuando el mundo se iba a dormir, pero tú y yo, a escondidas del destino, nos quedábamos despiertos. Un rato en las alturas para intentar ser feliz.

Supongo que la traba de las películas es que muchas veces es fruto del deseo de producción, y no de dirección. Pensemos que producción es nuestros miedos; los que manejan todo el capital de nuestra película, de nuestra vida, de nuestra realidad, y que por tanto, quieren sacar bote de ello. Es el deseo pues, de producción, de ese miedo real el que cambia y tergiversa la película. El miedo a que salga mal, a que no sea un éxito. Pero me da igual.

Seré yo quien eliminé producción, y haré una película de bajo coste, que no gustará a nadie por su poco presupuesto. Pero en la que trabajaré más que nunca; lucharé más que nunca; me inspiraré más que nunca... porque esta película ha de ser mi éxito. Ha de ser un éxito para nosotros. Escribamos un guión absurdo, que más da. En la película lo escribimos, en la película somos reales, somos nosotros... 

Lo siento, destino; contradestino. Mi próxima vida la pongo a tu disposición: te la regalo. Pero esta.. no es para ti. Elijo ser un taquillazo.