Siento no ser lo femenina que debería ser,
ni lo sencilla,
ni lo discreta,
ni lo sumisa,
ni lo fit o delgada,
ni lo delgada interesante o misteriosa,
ni lo suficiente en muchas ocasiones,
ni lo delicada.
Siento no mantener siempre la compostura,
ni mantenerme callada en algo que discrepo,
ni saber cocinar mucho más allá que pasta y ensalada,
ni saber casi poner una lavadora,
ni ir siempre lo suficientemente maquillada o arreglada,
ni esperar a que me lo hagan todo,
ni a que me rescaten,
ni tragarme mis sentimientos.
Pero que lo SIENTA, no significa que LO SIENTA. Lo que sí siento es a esas personas, sobre todo mujeres por la parte que nos toca, que se lavan la manos ante cualquier comentario tachándolo de machista pero que luego sean corruptas de su propia pseudoideología que, hacen cada vez, más utópicas.
El cliché de los blogs de moda de "tú, mujer, eres preciosa así, tienes un cuerpazo y eres estupenda". Discrepo un tanto. Todo se rige bajo subjetividad, cierto, así que por lo tanto, ni todas somos preciosas, ni todas somos feas, ni somos siempre estupendas. Lo importante es quererse aunque te veas y no te guste, te aceptas porque es lo que nuestro maravillosa selección natural te ha otorgado. Todos somos estupendos bajo la mirada de alguien, pero lo importante es que sea bajo la de nosotros mismos, eso sí, ser racionales y consecuentes y saber que nosotros mismos somos nuestra propia kriptonita.
Si tienes algo muy feo pues te ríes. Qué mas da, tienes la capacidad de reír. Reírse de uno mismo es síntoma de inteligencia y una persona inteligente hace que a nuestros efectos subyacer por la grandeza y genialidad de una mente maravillosa.
- Al contrario de la gran creencia popular, creo que, en una persona sana al menos (desde mi punto de vista ya que afortunadamente lo soy), pensar todas las mañanas que puede ser el último día que pise suelo o que alguien cercano lo pise, da ganas de vivir; hacer contrarreloj al destino y a la vida, el pensar que hoy puede ser el último día que sonrías, que vuelvas a caminar o a respirar y ver que no, que lo has vuelto a superar, que la vida te ha dado una oportunidad más, considero que da más ganas de vivir, una sensación como experimentar cualquier deporte de riesgo pero aquí es más divertido, pues el peligro puede estar en cualquier lado y en cualquier momento, pero lo vives, lo disfrutas, sin miedo, sin pánico, sin dejar de hacer cosas.
Después de este breve inciso sí considero que haya algo que compartamos todas las mujeres: la presión. La gran presión que suena como estruendo en nosotras mismas cuando nos quitan la mirada en menos de un segundo, cuando oímos "eres mona, pero...", cuando no podemos liberar nuestro gaseoso gastro en confianza porque no somos hombres, pero ocultado bajo el lema "sea lo que sea es una cochinada. Cuando oímos que no somos suficiente tan solo por como vestimos o por como nos peinamos.
No sé aún si puedo sentirme orgullosa de muchas cosas en esta vida, pero sí de ser escatológica, impulsiva, transparente, consecuente y espontánea, con todo lo bueno y malo que lleva, Pero sobre todo, de mi punto crítico en muchos aspectos, sobre todo en este, porque al ser de una manera tan concreta (para bien o mal) me hace encajar solo con un tipo de gente especial, diferente, extraordinaria. Y eso quiere decir que con todos los palos me he hecho una casita preciosa. Porque sí, que bonito hubiera sido si hubiese sido diferente: pero el "todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuésemos tu y yo" ahora mismo no me compensa.
Pasando de ser el llavero de nadie. Vivan los mares y el nadar libre al lado de quien quieras. Déjate llevar, y que te lleve la corriente. Que tu vitalidad tenga tanta masa que actúe como gravedad social. Y a vivir.
PD: dejo dos canciones que recogen muy bien la idea del texto, de dos genios que saben expresar con muchísima más claridad lo que he querido soltar en este rápido e impulsivo texto.
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