jueves, 22 de agosto de 2013

Carta a un desamor ll

"Eres un gran hombre. Pero la raza humana pone a prueba a las armas del amor... qué duro. Ignoras el dolor, y, sobre todo el rencor que me quema el estómago al volar millones de mariposas radiactivas.. al sentir que ya no estás en mi vida por mis complejos, mi desgana, mi caprichería, mi ceguera.. Pero antes de cortar de raíz todo puro contacto, te envío esta carta. Quiero recordarte el 29 de enero de 1992... aquel banco... qué mágico banco. Te miraba, mi mente dudaba si harías lo mismo, pero no había ni ademán de tan si quiera intento de una mirada por parte tuya. 

Pensé que nunca te fijarías en una chica como yo... y la verdad es que no sé como lo hiciste. Aún estoy perpleja por tu elección... o la de tu corazón. Pero pasó. Simple y llanamente sucedió... y ahí me cambió la vida por completo. Veo lo que fuimos.. lo que éramos, la magia que repartíamos entre nosotros y la que creábamos en la sociedad... magia que el mago Destino arrebató cruelmente. Cuesta deshacerse de lo que uno siempre quiere. 

Muchas veces somos egoístas, pensamos que no nos hace falta algo hasta que lo botamos a la papelera... entonces, un día, nos acordamos de ese 'algo' y corremos a buscarlo. Y lo encontramos... pero... roto, desgarrado, imposible de volver a juntarlo. Hubo un día clave que desencadenó esta p*** m*****... un 3 de febrero.. un maldito TRES de febrero, pero del año siguiente. Un miedo de la infancia, que al parecer estaba muerto, resultó estar en coma y avivarse como incendio en una ola de calor... los miedos, los putos miedos. Un miedo que no tenía que ver nada con nosotros... pero que me trastornó... los miedos son golpes fuertes de la vida.. y más cuando se transforman en fobias. 

Es cierto que nunca fui gran amante del amor, pero siempre estaba en mí presente.. me había dañado tanto. Pero el miedo y mis complejos con mi ser me achicaban.. cada vez más.. y más... y más... hasta que me volví demasiado pequeña para quererte. Y mi amor, a la par, se volvió de mi tamaño. ¿A quién iba a querer sin antes quererme a mí misma? Aún así, te quería... pero no era partidaria de seguir amargándote... Sin embargo, no puedo echarme la culpa, las cosas en la vida pasan. Todo se supera..

Doy gracias al mundo por ponerte a mi lado... pero también le guardo rencor por arrebatarte tan rápido. Ojalá cuando oyera un autobús se oyera un timbre al momento... esa parada está tan cerca de mi casa que fácilmente llegabas... Ojalá desde mi habitación, se oyera tu voz conversando con los presentes en el salón y contiguamente vinieras.. Ojalá un buenas noches como la luna, o un buenos días como el sol... Ojalá otro "te amo"... ojalá, me quisieras. Pero supongo, que si te quiero, debería alejarme de ti. Quizás nos volvamos a cruzar, alguna vez... pero por ahora, hasta aquí, nuestro último contacto..."

martes, 6 de agosto de 2013

Metas

Nos ponemos metas; fines de luchas positivos,  de los cuales sólo esperamos nuestra 'merecida' felicidad. Luchamos y luchamos para un fin... pero.. ¿y en el camino? ¿Nos aflojamos como galletas bajo la lluvia? ¿Nos convertimos en marionetas del pasado y del dolor de la guerra contra nosotros mismos para alcanzar ese dicho objetivo...? 

Yo creo que esperamos mucho de las metas. Podemos  Vamos a idealizar que el fin de una meta se llame "rojo". Refiriéndonos a la escala de colores, comprobamos que el rojo tiene muchas tonalidades; ..(a las que llamaremos como cada paso que vamos dando) así que...¿ ¿qué pasa, si en el camino nos damos cuenta que adoramos el color vino, el magenta,  el amapola...? Es decir, ¿qué pasa si vemos que el paso donde estamos nos da la suficiente felicidad como para tener que alcanzar una meta? Es cierto que acabar las cosas que nos proponemos nos hace felices, alcanzar nuestros propósitos que nos hemos marcado tras miles de suspiros y resignación... pero quizás el camino sea lo bonito, quizás sea lo que de verdad nos guste; quizás lo que nos guste sea luchar, sentir la adrenalina de darlo todo, de saber que puedes perder.. o ganar.. no sólo de sentir que tienes algo que te ha costado y eres feliz.. una lucha -positiva- constante...

Y es que intentamos matar el tiempo, pero sin darnos cuenta que el tiempo nos matará a nosotros.. si intentamos llegar a una meta siempre, sin disfrutar del camino, de esas tonalidades hasta llegar a nuestro "color"... no apreciaremos la vida porque quizás nunca lleguemos a esa meta; quizás nos rindamos sin ver lo bien que hemos reído, disfrutado, enamorado...  Pues algo de eso me pasa.

Y es que quizás es mejor la trama del desenlace. Quizás yo quiera sentir como si mi meta ya la hubiese alcanzado, disfrutar de todo lo máximo posible, sentir que todo está bien y estable... cuando aún estoy por el por el rosa palo en la paleta de colores del rojo... Y es que estoy disfrutando de lo que estoy consiguiendo; lo poquísimo que me están danado, lo voy guardando... quizás en un futuro esos recuerdos sean los que me den fuerza.... ¿Pero por qué? Pues porque quizás nunca haya desenlace. Quizás sea como una de esas grandes películas que la cagan con el final, dando pie a otra parte que nunca se rodó ni rodará... Debemos apreciar las pocas tonalidades... yo siento que todo ya está tan estable... que estamos tan bien... que de verdad hay algo más que hace un par de semanas. ¿Y es mentira? Seguramente. Pero lo disfruto, lo poco. Disfruto lo que el destino me permita... lo que tu corazón también. De las sonrisas y miradas... de los besos sellados. Intento recoger todos los palos que me da la vida de mi camino... para algún día hacer una balsa, grande y resistente, y correr todos los ríos de mi mundo sola... o contigo. Eso ya lo decides tú.