Momento exacto, lugar exacto, palabras exactas o día exacto. Quién sabe. Tan solo caminar en aquellas noches, me hacía darme de bruces con que no me encontraba en una avenida parisina, en una película francesa, de esas que tienen un no se qué que qué sé yo y que no sabes decir que tienen exactamente, que te hacen sentir. No sabes decir lo que te gusta. Pero sabes que es así. Y es lo que importa. Y tú, eres mi película francesa.
Me faltó valor para, muchas veces, plantarme en donde fuera con tal de ti. Supongo que nunca podría haber sido Woody Allen porque supuse que no podrías ser mi Annie Hall. Pero la vida es oportunista, no me da la gana que los trenes se vayan. Es mi realidad, nuestra realidad, y somos capaces de parar trenes con palabras, con susurros, con caricias y, como no, con dos gritos bien dados y con inundaciones por lágrimas de sentimientos enclaustrados en nuestro ser.
El momento estrella de la película es cuando se que te cojo la mano, cuando subimos aquellas escaleras que no sabíamos a dónde conducían pero nuestra rozagante y vivaz incertidumbre tiraba de nosotros más allá de nuestro miedo. Eran escaleras infinitas, que solo acababan cuando el mundo se iba a dormir, pero tú y yo, a escondidas del destino, nos quedábamos despiertos. Un rato en las alturas para intentar ser feliz.
Supongo que la traba de las películas es que muchas veces es fruto del deseo de producción, y no de dirección. Pensemos que producción es nuestros miedos; los que manejan todo el capital de nuestra película, de nuestra vida, de nuestra realidad, y que por tanto, quieren sacar bote de ello. Es el deseo pues, de producción, de ese miedo real el que cambia y tergiversa la película. El miedo a que salga mal, a que no sea un éxito. Pero me da igual.
Seré yo quien eliminé producción, y haré una película de bajo coste, que no gustará a nadie por su poco presupuesto. Pero en la que trabajaré más que nunca; lucharé más que nunca; me inspiraré más que nunca... porque esta película ha de ser mi éxito. Ha de ser un éxito para nosotros. Escribamos un guión absurdo, que más da. En la película lo escribimos, en la película somos reales, somos nosotros...
Lo siento, destino; contradestino. Mi próxima vida la pongo a tu disposición: te la regalo. Pero esta.. no es para ti. Elijo ser un taquillazo.
Supongo que la traba de las películas es que muchas veces es fruto del deseo de producción, y no de dirección. Pensemos que producción es nuestros miedos; los que manejan todo el capital de nuestra película, de nuestra vida, de nuestra realidad, y que por tanto, quieren sacar bote de ello. Es el deseo pues, de producción, de ese miedo real el que cambia y tergiversa la película. El miedo a que salga mal, a que no sea un éxito. Pero me da igual.
Seré yo quien eliminé producción, y haré una película de bajo coste, que no gustará a nadie por su poco presupuesto. Pero en la que trabajaré más que nunca; lucharé más que nunca; me inspiraré más que nunca... porque esta película ha de ser mi éxito. Ha de ser un éxito para nosotros. Escribamos un guión absurdo, que más da. En la película lo escribimos, en la película somos reales, somos nosotros...
Lo siento, destino; contradestino. Mi próxima vida la pongo a tu disposición: te la regalo. Pero esta.. no es para ti. Elijo ser un taquillazo.