La noche está fría.
La suave brisa de las primeras noches otoñales,
corrían por mi cara con un suave canto,
congelando las lágrimas que por mi rostro caían.
Los astros brillaban tan parpadeantes y luminosos, que creía que podía tocarlos. Qué ilusa. Pero los sentía al lado, sentía su calor en mi. Debían ser mis ojos aguados los que creaban este efecto.
Miraba al horizonte. El mar, en su más densa oscuridad, no realizaba ningún movimiento. Estaba tranquilo. Los pájaros hacía tiempo que habían huido a algún refugio en la oscura y tenebrosa noche. Yo, en cambio, seguía allí. Sola, contemplando el norte. Buscaba la verdad en la brisa, en cada ráfaga que se me plantaba. Pero mis lágrimas impedían ver claro lo que de verdad quería ver. Paré de lamentarme. Cerré los ojos y me centré. Aún pasaban bastantes coches, pero yo no los oía. Era todo tan inmenso que parecía que encogía y caía sobre mi.
Me senté en el suelo de la terraza. Sentí que Love Story de Henry Mancini sería, en ese caso, la banda sonora perfecta de este momento. Entonces la oí. Un vacío, pero lleno de recuerdos, me golpeó y sacudió como una ola durante un día de tormenta. Es decir, desprevenido, pero haciendo daño. Que es cuando más daño suele hacer. La espuma caía de mis ojos llegando a mi boca y saboreando cada recuerdo, cada siguiente más amargo. Entonces llegué a esos momentos.
Esos momentos de impotencia, de saber que tienes que hacer algo, pero que no sabes qué es, que tienes algo que conseguir, pero no puedes. Que el miedo se apodera de ti, convirtiéndote en lo peor que se encuentra en tu 'anti-yo'. Pero cogí aire. Lo contuve. Me puse de pie y miré a las casas que mis ojos podían alcanzar.
La noche está estrellada. Algunas estrellas las tapan las nubes, pero puedo ver a través de ellas. Las siento. Pero también sentía que le quería y él a mi también. Así que... puede que la noche esté nublada, y arriba, como en mi alma, llueva.
Apoyé los codos en el muro y me llevé las manos a la cara. ¿Siempre sería así? ¿El dolor es por eso, o por la costumbre? No me gusta vivir las cosas con intensidad. Aún me queda mucho por recorrer, pero mi camino está compuesto de piedras pajoe-joe, y yo estoy descalza. Tengo dos soluciones, o caminar sobre ellas, y llenarme los pies de sangre hasta encontrar piedras Aa por las que las cicatrices curen y poder empezar a correr, o pararme en piedras, soportando que mis pies sangren, permanecer solitarios viendo partes de mi vida alejándose hacia delante, huyendo de ésta, -yo-, ésta que no tuvo la valentía de correr sobre mojado aunque se resbale, porque siempre va a saber levantarse. Por eso, queridos 'yo' del futuro. Que sepáis, que correré hacia vosotros. Correré como nunca he corrido en un mundo esquivando la falsedad, crueldad, maldad, insensibilidad, injusticia... O más que esquivando, derribando.
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