domingo, 29 de junio de 2014

A las cicatrices hay que coserles puntos antes de volver a jugar.

Es ilógico.

Cuando una persona sufre una anomalía en su cuerpo en alguna parte que pertenezca a lo locomotor y tiene que ser intervenida quirúrjicamente, tras la operación la movilidad se ve afectada ligeramente. Lo mismo pasa cuando tenemos un dolor incluso de estómago; nos encorvamos, caminamos más agachados, doblados, o despacio. Sin embargo, al cabo de un tiempo, dependiendo de la gravedad del mismo, volvemos a reincorporarnos a nuestra normalidad... caminamos igual que cuando somos "nosotros mismos", nuestra esencia del caminar. 

Pero... y cuando nos dañan algo más que lo físico... ¿? Nos hacen daño, nos manipulan... nos mienten... nos dicen que van a estar a nuestro lado... y al ver nuestra primera lágrima están haciendo las maletas. Te prometen un cielo soleado, pero no tienen lo que hay que tener para poder costeárselo.. y qué te dan? Nada más que un cielo de nubes, lluvia, a veces trueno... Lo barato, vamos.

Pero de este tipo de daño, al recuperarnos... nunca llegamos a volver a tener nuestra esencia, nuestro "yo"... Y qué triste...

Últimamente tengo la espalda abierta de tantas puñaladas... Tengo la mente gris de tanta palabra obscena.. Los ojos explotados de haber visto tanta salvajada... tengo el corazón apagado que difícilmente late para mantenerme viva la ilusión. Pero hay algo dentro de mí... algo natural... que me hace seguir siendo yo. Un yo que lleva conmigo desde siempre, que siempre lo estropea todo, que lo hará mal muchas veces, que ha fallado a otras personas y que ha sacado alguna que otra sonrisa... Pero... ese ser soy YO. No quiero culpar a futuros compañeros que no me conozcan en mi totalidad porque unos cuantos no encajaron suficientemente conmigo y me llegaron a hacer mucho, quizás demasiado daño en tan poco tiempo.

Es triste ver todo gris a tu alrededor, pero es emotivo ver que aún mantienes tu totalidad... También podemos compararlo a un árbol en un tsunami. Nos aferramos a él, a "nosotros", mientras que el agua, restos de objetos que te golpean, viento quizás, terremotos... te atormenten, tú sigas aferrada a tu árbol, aferrado a ti mismo. Lo fácil sería dejarse llevar, al ritmo del agua, camino a nuestra muerte personal... pero excusarlo con un "Soy así porque me hicieron daño" pero amigo... No hay nada mas duro que ser tu mismo en esta clase de mundo... pero tampoco hay nada más gratificante.

Por eso, hoy no suelto mi árbol, pero lo escalo. Porque no quiero seguir soportando ni el tsunami, ni el viento, ni los trozos de objetos que me creen estas cicatrices que me han acompañado desde hace meses... Y es cierto, si me subo al árbol... el único riesgo que corro... es que me alcance el rayo de la nostalgia... la nostalgia de esas personas a las que hoy digo adiós. 


Necesito tiempo de descanso para mí misma

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